Cada 21 de marzo, se conmemora el Día Mundial de la Poesía, una fecha en la que las palabras cobran vida y nos conectan con lo más profundo del ser humano. Ecuador, tierra de paisajes diversos y culturas ancestrales, ha sido cuna de poetas cuyas voces resuenan con fuerza y melancolía, reflejando la esencia de una nación que palpita entre montañas y costas. A continuación, nos adentramos en las vidas de algunos de estos ilustres poetas, cuyas obras han dejado una huella imborrable en la literatura ecuatoriana.
Los pilares de la poesía ecuatoriana
José Joaquín de Olmedo (1780-1847): La voz del neoclasicismo

José Joaquín de Olmedo, poeta y político guayaquileño, es considerado uno de los máximos exponentes del neoclasicismo en Ecuador. Su obra, cargada de fervor patriótico y amor por la libertad, reflejó su compromiso con la independencia de América Latina. Entre sus escritos más conocidos se encuentran Canto a Bolívar y Al General Flores, vencedor en Miñarica. Además, diseñó la bandera y el escudo de Guayaquil y compuso la letra del himno de la ciudad. Olmedo sigue siendo una figura clave en la historia de Ecuador.
Dolores Veintimilla de Galindo (1829-1857): Un grito de melancolía

Dolores Veintimilla de Galindo, nacida en Quito, fue una de las primeras voces femeninas en la poesía ecuatoriana. Su obra, aunque breve debido a su trágica muerte a los 27 años, es profundamente emotiva y socialmente comprometida. Poemas como Quejas y Mi fantasía reflejan su lucha contra una sociedad que rechazaba sus pensamientos progresistas. En sus escritos, también levantó su voz en favor de los derechos de la mujer, cuestionando las normas impuestas por la Iglesia y la sociedad de su tiempo. Su legado sigue siendo una inspiración para el feminismo ecuatoriano.
Siglo XX: Vanguardismo y modernismo
Jorge Carrera Andrade (1903-1978): El poeta de la naturaleza y el tiempo
Jorge Carrera Andrade, nacido en Quito, fue uno de los poetas más destacados de Ecuador. Su obra se caracteriza por una profunda conexión con la naturaleza y el tiempo. Entre sus obras más importantes se encuentran El estanque inefable (1922) y Microgramas (1940), que reflejan su sensibilidad hacia el mundo natural y su capacidad para capturar momentos efímeros. Carrera Andrade combinó su labor literaria con la diplomacia, dejando un legado que sigue siendo una referencia en la poesía latinoamericana.
Gonzalo Escudero (1903-1971): La musicalidad del verso

Gonzalo Escudero, también nacido en Quito, fue un poeta ecuatoriano influenciado por el modernismo y el surrealismo. Su obra, profunda y enigmática, explora la belleza y los dilemas existenciales. Entre sus obras más destacadas se encuentran Estatua de aire (1951) y Materia del Ángel (1953). Su estilo, marcado por metáforas y simbolismos, le permitió ser una figura clave en la poesía ecuatoriana. Su obra en prosa es más escasa, lo que hace que su poesía sea más apreciada.
Arturo Borja (1892-1912): El modernismo en su máxima expresión

Arturo Borja, nacido en Quito, fue un poeta modernista de la Generación Decapitada. Su obra La flauta de ónix (1920) es emblemática del modernismo ecuatoriano. Influenciado por las literaturas francesa y española, buscó renovar la poesía ecuatoriana. Su poema Para mí tu recuerdo fue musicalizado, alcanzando popularidad en la voz de cantantes como Carlota Jaramillo. Borja se destacó por su actitud cosmopolita y su enfoque en la modernidad.
Rosa Borja de Icaza (1889-1964): Pionera del feminismo y la poesía ecuatoriana
Rosa Borja de Icaza, nacida en Guayaquil, fue una figura clave en la lucha por la igualdad de derechos para la mujer. Su obra incluye Aspectos de mi sendero y Hacia la vida, en los que fusionó poesía y activismo social. También publicó estudios sociológicos, biografías y obras dramáticas como Las de Judas y María Rosario. Reconocida por su enfoque en la educación, Borja de Icaza fue galardonada con el primer premio de la Exposición del Libro en 1934.
César Dávila Andrade (1918-1967): La voz del existencialismo
César Dávila Andrade, nacido en Cuenca, fue un poeta ecuatoriano cuya obra exploró la condición humana a través de un estilo innovador. Su poesía, marcada por el existencialismo, abordó temas profundos relacionados con la sociedad y la filosofía. Entre sus libros más destacados se encuentran Espacio me has vencido (1947) y Boletín y elegía de las mitas (1959). Su legado literario dejó una huella profunda en la poesía ecuatoriana del siglo XX.
Medardo Ángel Silva (1898-1919): El romanticismo de una vida efímera

Medardo Ángel Silva, nacido en Guayaquil, fue un poeta destacado de la Generación Decapitada. Su poesía, cargada de romanticismo melancólico, aborda temas como la belleza, la muerte y el amor imposible. Su obra El árbol del bien y del mal refleja estas profundas inquietudes existenciales. El poema El alma en los labios alcanzó gran notoriedad al ser interpretado como canción por Julio Jaramillo. A pesar de su trágica muerte en 1919, su legado poético sigue vivo en la literatura ecuatoriana. Silva dejó una marca indeleble con su lírica llena de nostalgia y dolor.
Efraín Jara Idrovo (1926-2018): La experimentación poética

Julio Efraín Jara Idrovo, poeta cuencano, fue reconocido por su poesía comprometida socialmente. Su obra más destacada es Sollozo por Pedro Jara (1978), escrita tras la muerte de su hijo. Jara también fundó la revista El Guacamayo y la Serpiente y experimentó con formas poéticas innovadoras. Fue galardonado con el Premio Nacional Eugenio Espejo en 1999.
Hugo Mayo (1895-1988): Vanguardismo puro
Hugo Mayo, nacido en Manta, fue un pionero del vanguardismo en Ecuador. Su poesía se caracteriza por romper con las formas tradicionales, buscando la libertad creativa. Participó en revistas de vanguardia y mantuvo correspondencia con poetas latinoamericanos y europeos. Obras como El zaguán de aluminio (1982) y Dolor adentro (1974) son fundamentales en su legado. Su estilo audaz y experimental lo coloca como una figura clave del vanguardismo ecuatoriano. Mayo influyó profundamente en la poesía del siglo XX.
Alfonso Moreno Mora (1890-1940): El simbolismo en Ecuador
Alfonso Moreno Mora, nacido en Cuenca, fue un destacado poeta simbolista en Ecuador. Su obra, influenciada por el modernismo, se caracteriza por imágenes evocadoras y una atmósfera de misterio. Entre sus libros más importantes están Jardines de invierno (1928) y Visión lírica (1933). Su poesía refleja una profunda carga emocional y estética. A través de su estilo, logró captar la esencia de lo inefable. Moreno Mora se consolidó como uno de los poetas más representativos del simbolismo ecuatoriano.
Ernesto Noboa y Caamaño (1889-1927): La angustia hecha poesía
Ernesto Noboa y Caamaño, poeta guayaquileño, fue una figura clave de la Generación Decapitada. Su obra refleja una profunda angustia existencial, marcada por la desesperanza. En Romanza de las horas, expresa su lucha interna y su visión trágica de la vida. Hastío (1926) también muestra su indiferencia hacia el amor y las adversidades. La poesía de Noboa y Caamaño se caracteriza por una sensibilidad exacerbada. Su legado como poeta refleja la tensión entre la desesperación y la belleza.
Abel Romeo Castillo (1904-1996): La historia convertida en poesía
Abel Romeo Castillo, poeta y escritor guayaquileño, fusionó la poesía con la investigación histórica. Su obra rescató momentos y personajes clave de la historia de Ecuador. Entre sus poemas más conocidos están Romance de mi destino y Romance criollo de la niña guayaquileña, parte de Nuevo descubrimiento de Guayaquil (1938). Sus versos destacan la vida y la cultura del pueblo guayaquileño. Castillo mostró un profundo amor por su tierra natal. Su legado perdura como un símbolo de identidad ecuatoriana.
Poesía contemporánea y nuevas voces
Iván Carvajal (1948): La reflexión filosófica en la poesía
Iván Carvajal, nacido en San Gabriel (Carchi), es una de las figuras más destacadas de la poesía contemporánea ecuatoriana. Su obra se caracteriza por profundas reflexiones filosóficas y una crítica constante a la sociedad. Entre sus libros más importantes están Poemas de un mal tiempo para la lírica y Los amantes de Sumpa.
David Ledesma Vásquez (1934-1961): La renovación de la poesía

David Ledesma Vásquez, nacido en Guayaquil, fue un poeta fundamental en la renovación de la poesía ecuatoriana. Miembro del grupo Club 7, se destacó por su estilo libre y experimental. Obras como Cristal (1953) y Gris (1958) reflejan su búsqueda de nuevas formas poéticas. Su trabajo dejó una huella profunda en la poesía contemporánea del país. Ledesma Vásquez influyó en generaciones posteriores de poetas ecuatorianos. Su legado sigue siendo relevante en la literatura ecuatoriana.
Fernando Cazón Vera (1935): La poesía reflexiva
Fernando Cazón Vera, nacido en Quito, es poeta y periodista. Se inició en la poesía durante su etapa escolar, influenciado por Jorge Carrera Andrade. Su primer poemario, Las canciones salvadas (1957), fue publicado gracias al apoyo de Benjamín Carrión. A lo largo de su carrera, ha trabajado en diversos diarios y ha publicado más de veinte libros de poesía. Entre sus obras más destacadas se encuentran Las canciones salvadas y El libro de las paradojas (1977). En 2018, Cazón Vera fue galardonado con el Premio Eugenio Espejo.
Karina Gálvez (1964): La voz ecuatoriana en el mundo
Karina Gálvez es una poeta guayaquileña radicada en Estados Unidos, destacándose por su estilo sencillo y emotivo. Su obra aborda temas universales que conectan con lectores de distintas culturas. Entre sus libros más conocidos se encuentran Poesía y cantares (bilingüe español/inglés) y Ese, su Guayaquil viejo (1995). Su poesía ha sido galardonada con varios premios, como el Premio Casa de la Cultura de Long Beach en 1996 y 1997. Su trabajo ha contribuido a la difusión de la poesía ecuatoriana en el ámbito internacional.
Humberto Fierro (1890-1929): El alma de la Generación Decapitada
Humberto Fierro, nacido en Quito, fue un destacado representante de la Generación Decapitada. Su poesía, marcada por el lirismo y la reflexión existencial, ofrece una visión melancólica de la vida. Obras como La melodía del corazón (1919) y El corazón de las tinieblas (1922) exploran los dilemas del alma humana. Su breve pero intensa producción literaria, influenciada por la angustia existencial, dejó una huella importante en la literatura ecuatoriana. Fierro, quien falleció prematuramente, es un referente clave de su generación. Su obra sigue siendo estudiada y valorada.
Un legado eterno
El Día Mundial de la Poesía es una oportunidad para recordar que la poesía ecuatoriana ha sido, y sigue siendo, un reflejo del alma de su pueblo. A través de sus versos, estos poetas han inmortalizado sus sentimientos, sus luchas y sus sueños, dejando un legado que perdurará en el tiempo.